La apertura de Sheinbaum al fracking enfrenta obstáculos técnicos, financieros y operativos. Pemex carece de capital, infraestructura y experiencia, mientras México mantiene una alta dependencia del gas natural.
La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, ha abierto la puerta al fracking en el país, marcando un giro respecto a la política de la administración anterior. No obstante, enfrenta importantes limitaciones técnicas y económicas.
Ante esta nueva apuesta del gobierno federal, se ha impulsado un comité técnico para evaluar su factibilidad. Sin embargo, especialistas coinciden en que estos planes se ven limitados por los altos costos y las dudas sobre su ejecución técnica.
Para Gonzalo Monroy, director de la consultora GMEC, este proceso de evaluación técnica responde más a una decisión política predeterminada que a un análisis abierto y objetivo. El especialista advierte que, actualmente, México carece de las condiciones estructurales —tanto técnicas como regulatorias— necesarias para implementar la fracturación hidráulica de manera eficiente y competitiva.
“Dentro del grupo interinstitucional, no existe un solo perfil cuya experiencia garantice una perforación exitosa. Además, el gobierno tendrá que asumir el costo político que conlleva este viraje en la política energética y, dado el complejo contexto internacional, las probabilidades de que Petróleos Mexicanos (Pemex) logre ejecutarlo son mínimas”, destaca el especialista.
Monroy señala, además, que el país carece de capital, tecnología propia y la experiencia operativa necesaria, factores que forzarían una dependencia ineludible de empresas extranjeras. Además, subraya que el desarrollo de esta técnica no ha sido exitoso en múltiples países, lo que incrementa la incertidumbre, principalmente para la petrolera nacional.
Alternativa ante riesgo estratégico
Cabe destacar que la presión por la dependencia energética es uno de los argumentos por los cuales la Presidenta se ha abierto a esta técnica. Actualmente, México importa más del 70% del gas natural que consume —proveniente en su mayoría de Estados Unidos—, una cifra que traduce la soberanía energética en una vulnerabilidad directa ante las fluctuaciones de precios o disrupciones en el suministro.
Bajo este escenario, Francisco Barnés de Castro, presidente del Observatorio Ciudadano de Energía, advierte que esta dependencia constituye un riesgo estratégico de primer orden, pues el gas natural es hoy el principal insumo para la generación eléctrica y la industria, por lo que cualquier interrupción podría tener impactos severos.
“La tecnología de la fracturación hidráulica ha evolucionado y, bajo una regulación adecuada, podría mitigar los riesgos ambientales. Sin embargo, llegamos tarde: nos falta velocidad, eficiencia, capital y flexibilidad operativa. Para una empresa que es un paquidermo artrítico, como Pemex, va a ser muy difícil si no es con participación privada”, asegura Barnés de Castro.
Piedras en el camino
Más allá de la viabilidad técnica, el principal obstáculo identificado por los especialistas es de carácter económico. Ramsés Pech, analista de la industria energética, advierte que México requeriría la perforación de entre dos mil y tres mil pozos para cubrir su demanda interna de gas natural. Esta meta se percibe sumamente distante frente a la capacidad operativa y financiera actual de Pemex.
En términos financieros, el despliegue de esta infraestructura demandaría una inversión estimada de entre 35 mil y 50 mil millones de dólares. A este reto de capital se suma la complejidad logística: México necesitaría disponer de más de 100 equipos especializados de perforación.
“Para alcanzar las metas que ha propuesto el gobierno, se necesitan cuatro o cinco veces más del presupuesto de inversión que se autoriza a Pemex”, añade Francisco Barnés.
A esto se suma que la disponibilidad de tecnología y maquinaria depende en gran medida de Estados Unidos, donde la industria energética prioriza su propio mercado.
El contexto internacional tampoco favorece una implementación sencilla. Monroy explica que Estados Unidos ha consolidado su liderazgo en la producción de gas mediante fracking, mientras que otros países han enfrentado dificultades para replicar ese modelo.
Además, la geopolítica energética ha cambiado, pues el gas natural se ha convertido en un recurso estratégico en mercados como Europa y Asia, lo que podría limitar la disponibilidad de recursos y encarecer los proyectos en México.
Entre el dogma y la necesidad energética
La discusión sobre el fracking en México pone de relieve las contradicciones intrínsecas del modelo energético actual: la urgencia de garantizar la soberanía nacional frente a la realidad de los riesgos económicos, técnicos y ambientales.
Mientras el Gobierno Federal posiciona la evaluación técnica como una ruta viable, el consenso de los expertos advierte que el país llega tarde a esta transición y carece de las condiciones estructurales para su pleno desarrollo. De acuerdo con Ramsés Pech, de materializarse esta técnica se trazará el rumbo definitivo de la política energética en un contexto global cada vez más competitivo.








