Mujeres avanzan en la industria de la construcción, pero aún enfrentan brecha salarial y baja presencia operativa.
Históricamente, el sector de la edificación e infraestructura en México ha sido un entorno masculino. No obstante, en años recientes se percibe una transformación gradual en la equidad de género, impulsada por compañías que apuestan por la inclusión.
Ariadna Pérez, Directora de RR.HH. en USG Latam, señala que, aunque la manufactura mantiene una brecha marcada, la empresa ha concentrado sus esfuerzos en crear entornos seguros y programas formativos que faciliten la integración de mujeres en áreas operativas.
Como resultado, en la planta de Tecomán, Colima, más del 20% del personal en línea operativa son mujeres. En Monterrey, una de las plazas más complejas por su perfil industrial, la participación femenina supera el 30%.
Estas cifras contrastan con el promedio nacional del sector, que ronda el 16%, de acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).
Ariadna Pérez destaca que, en áreas técnicas y comerciales vinculadas con la construcción, las mujeres representan actualmente 43% del personal en la compañía, un crecimiento frente a años anteriores, cuando la participación se ubicaba entre 20% y 30%.
“Hablando de construcción en general, tenemos otra línea de mujeres líderes: mujeres arquitectas, ingenieras que tienen que ver con las obras que se construyen en el país y dan asesoría técnica, es un avance muy importante”, destaca para Industry & Energy Magazine.
Los datos del INEGI reflejan una realidad dual: el 72% de las mujeres en el sector construcción aún ocupa cargos administrativos. No obstante, la tendencia está cambiando; hoy, más mujeres rompen la barrera de la oficina para liderar directamente en la obra como ingenieras, arquitectas y supervisoras.
A pesar de estos avances en la integración, la disparidad económica sigue siendo una asignatura pendiente. En el sector, la brecha salarial persiste como un obstáculo crítico: las mujeres perciben ingresos hasta 35% inferiores a los de sus homólogos masculinos, aun desempeñando las mismas responsabilidades y funciones.
Liderazgo y equidad
Desde la perspectiva de Ariadna Pérez, el liderazgo femenino debe fomentarse a través de la responsabilidad organizacional; es decir, las empresas deben implementar procesos de reclutamiento sin sesgos de género, garantizar igualdad de condiciones en las promociones y generar oportunidades reales de crecimiento.
“La equidad es que hombres y mujeres tengan los mismos espacios y oportunidades, y que estemos listas para tomarlos”, enfatiza la responsable de Recursos Humanos.
Rompiendo paradigmas
Un ejemplo emblemático en USG es su programa interno diseñado para capacitar a mujeres en operaciones y funciones tradicionalmente asignadas a hombres. De acuerdo con Pérez, aunque el principal obstáculo inicial es la autopercepción de las trabajadoras sobre su propia capacidad, la formación técnica —complementada con el fortalecimiento de la autoconfianza— ha permitido que muchas de ellas accedan a categorías laborales mejor remuneradas.
La compañía también opera academias de formación técnica en Ciudad de México y Monterrey, con una tercera en desarrollo, donde capacita en la instalación de sistemas constructivos. Actualmente, 35% de las personas formadas en estos programas son mujeres.
Un avance gradual
Aunque reconoce que el crecimiento podría ser más acelerado, Pérez considera que la tendencia es positiva. “Vamos ganando terreno”, afirma, al destacar que el avance sostenido en participación femenina en áreas técnicas y comerciales refleja un cambio estructural en la organización.
Pérez subraya que en un sector clave para la economía mexicana, la inclusión de mujeres en roles operativos, técnicos y estratégicos no solo representa un avance en equidad, sino también en competitividad y profesionalización que beneficia a las empresas.







