Grupo Carso confirmó un contrato mixto con Pemex para desarrollar Macavil, un campo terrestre de gas y condensado. Pemex retiene al menos 40% del proyecto.
La participación privada en la producción de hidrocarburos en México acaba de recibir una señal potente —y con apellido de alto voltaje mediático—: Grupo Carso, del empresario Carlos Slim, confirmó que firmó un contrato mixto con Pemex para desarrollar el campo terrestre Macavil, enfocado en gas natural y condensado. El movimiento importa por dos razones: primero, porque Macavil se convierte en un “caso bandera” del nuevo esquema; y segundo, porque el socio es uno de los conglomerados con mayor capacidad financiera y de ejecución industrial del país.
De acuerdo con Reuters, el contrato fue suscrito a través de la subsidiaria Zamajal, y establece que Pemex conservará una participación mínima del 40% en el proyecto. Este detalle es clave: el modelo busca atraer inversión y capacidad de ejecución sin “soltar el control” del activo, alineado con la narrativa gubernamental de mantener a Pemex como operador dominante, pero aceptando que la empresa necesita músculo para acelerar desarrollos y reducir cuellos de botella.
Macavil es un descubrimiento reciente dentro del portafolio onshore del sureste. En su reporte corporativo, Grupo Carso habló de reservas probadas (3P) por 33.7 millones de barriles de condensado y 409.1 mil millones de pies cúbicos de gas. En paralelo, Reuters reportó estimaciones y escenarios de producción de más largo plazo, con expectativas de pico hacia 2028 en crudo/condensado y metas acumuladas a 2045, además de diferenciar entre reservas probadas y posibles adicionales. La conclusión para el mercado es clara: no es un campo “menor” en narrativa; es un activo con tamaño suficiente para justificar la apuesta y, sobre todo, para probar si el esquema mixto puede volverse replicable.
El contexto explica el timing. Pemex ha insistido en elevar producción y, al mismo tiempo, en ordenar su frente financiero. Pero el cuello de botella recurrente es capex + ejecución: perforación, logística, instalaciones de superficie, compresión, tratamiento y conexión comercial —toda una cadena que requiere tiempo, equipos y financiamiento. En ese marco, el “contrato mixto” opera como un mecanismo para compartir riesgos y acelerar el calendario, con Pemex reteniendo una porción relevante.
El mercado también lee el anuncio como parte de una tendencia: Reuters destacó que Slim ha ampliado su participación en proyectos vinculados a Pemex y su cadena energética, y que este tipo de acuerdos se suma a una relación que ha crecido en años recientes. En México, el solo hecho de que una empresa de ese tamaño firme un contrato manda una señal a otros jugadores: sí hay espacio para entrar, al menos bajo un diseño que garantice a Pemex un piso de participación.
Hay, sin embargo, una capa crítica: el calendario. Grupo Carso dijo a analistas que los primeros resultados se esperan hacia 2027, pero que aún faltan estudios por completar. Ese matiz es importante para la lectura editorial: no es “producción inmediata”, sino una apuesta de mediano plazo. Y ahí se juega la pregunta de mayor interés para el sector: ¿los contratos mixtos podrán acelerar desarrollos a ritmo competitivo o se verán frenados por estudios, permisos, coordinación institucional y adquisiciones?
Para el sureste, Macavil es más que un activo: es un indicador de si México puede reforzar su plataforma de gas doméstico en un momento donde la demanda eléctrica y la industria piden molécula firme. Y para el Gobierno, es una prueba política: abrir la puerta sin reactivar el debate ideológico de concesiones. La prueba real no será el anuncio, sino los hitos: inversión comprometida, pozos, infraestructura de superficie, curva de producción y disciplina de ejecución. Por lo pronto, la noticia ya cumplió un objetivo: volver “mainstream” el término contrato mixto y colocar un proyecto específico en la conversación pública.








