CFE publicó lineamientos para desarrollo mixto, donde define esquemas, contratos y cuatro vías para que privados entre a la generación de electricidad.
La Comisión Federal de Electricidad (CFE) aterrizó, por fin, el “cómo” de los proyectos mixtos. En la edición del Diario Oficial del 28 de enero de 2026 se publicaron los Lineamientos de los Esquemas para el Desarrollo Mixto de la empresa pública, un documento que baja a tierra el procedimiento, los candados de gobierno corporativo y, sobre todo, las rutas de selección para que particulares participen en nuevos proyectos de generación bajo el paraguas del Estado.
El mensaje político es claro: sí habrá capital privado, pero no habrá “libre albedrío” de mercado. El marco amarra estos proyectos a la planeación vinculante del Sistema Eléctrico Nacional y a criterios de confiabilidad, continuidad, seguridad y sostenibilidad. En otras palabras, la CFE no está abriendo la puerta a un “boom” desordenado, sino a proyectos con correa corta, calendarizados y diseñados para encajar en la expansión de red y la estrategia de despacho.
La parte que más interesa a empresas, desarrolladores, fondos e ingenierías es la ruta de entrada. Los lineamientos establecen que, por regla general, el procedimiento de selección debe realizarse mediante licitación pública, y sólo de manera excepcional por invitación restringida, proceso competitivo de adjudicación o adjudicación directa. Son cuatro caminos, y en ellos se juega la velocidad, el nivel de competencia y el riesgo de ejecución.
Aquí aparece el “nuevo mapa” del mercado. La licitación pública queda como la vía estándar y el documento fija etapas y criterios para evitar direccionamientos, además de delimitar costos en el procedimiento y reglas para la comunicación con participantes. También introduce tiempos máximos: el procedimiento por licitación no debería exceder 120 días naturales, prorrogables una sola vez hasta por 60 días más, lo que en la práctica define ventanas de decisión y financiamiento para los privados.
La adjudicación directa, por su parte, queda reservada para casos donde el particular tenga derechos o propiedad sobre activos clave del proyecto, como inmuebles, permisos, autorizaciones, patentes o equipos principales, entre otros. Es un guiño a realidades del mercado mexicano: proyectos “atorados” por sitio/permisos o infraestructura preexistente que, bajo un esquema competitivo tradicional, tardarían demasiado en destrabarse. Pero también es un foco rojo para la industria: la transparencia y el diseño de salvaguardas importarán tanto como el precio del kilowatt.
Los lineamientos, además, conectan el concepto de Desarrollo Mixto con la Ley del Sector Eléctrico y reconocen esquemas como Producción de largo plazo e Inversión mixta, dejando abierta la puerta a otros esquemas que definan disposiciones posteriores. La señal no es menor: CFE está construyendo un “carril regulatorio” para proyectos que antes vivían en la ambigüedad o en el terreno de los anuncios sin reglas operables.
¿Por qué esto va a generar clics? Porque el mercado llevaba meses preguntándose lo básico: “¿cómo compito?”, “¿qué contrato firmo?”, “¿cómo se paga?”, “¿quién aprueba el modelo financiero?”, “¿cómo se decide el ganador?” y “¿qué tanto puedo negociar?”. Los lineamientos responden con un enfoque administrativo: definen contenidos contractuales, modelo económico-financiero, requerimientos técnicos y mecanismos internos, y elevan el costo de incumplir, porque ahora hay un proceso trazable que deja huella documental.
En el corto plazo, el efecto más visible será una revalorización de capacidades. Los ganadores no serán sólo quienes tengan paneles, turbinas o turbinas de gas; también quienes puedan armar ofertas sólidas en ingeniería, permisos, trazabilidad, compliance y estructura financiera, dentro de calendarios apretados. Y en el mediano plazo, el documento empuja a la industria a una nueva pregunta estratégica: ¿conviene apostar por licitación abierta (más competencia, más transparencia) o por esquemas donde tu ventaja real es el control de activos críticos que habiliten una adjudicación directa?
En suma, el Desarrollo Mixto deja de ser un concepto político y se vuelve un proceso. Con reglas publicadas, el mercado ya no puede “adivinar” el juego: toca modelarlo, financiarlo y competirlo. Y eso, para México en 2026, es noticia grande.








