Dos Bocas sube proceso, pero gasolina no bajará: el precio lo mandan crudo, dólar, referencia del Golfo, IEPS, logística y competencia, no la refinería sola.
A inicios de 2026, la refinería Olmeca —conocida como Dos Bocas— por fin empieza a parecerse a lo que prometía en los renders, un complejo capaz de procesar 340 mil barriles diarios (kbd) de crudo. Pemex ya presume avances, y los datos disponibles muestran una rampa que, aunque irregular, va hacia arriba. Pero hay una expectativa que conviene pinchar desde el principio: que “al funcionar al 100% Dos Bocas” la gasolina se abarate.
Lamento ser portador de malas noticias, pero simplemente esto no ocurrirá. Puede haber estabilización, puede haber menos presión por importaciones, incluso puede bajar el costo de abastecimiento en algunas rutas logísticas específicas. Pero un descenso claro y sostenido del precio al público no depende de que Dos Bocas llegue a 340 kbd. Depende de variables que están fuera de Tabasco, el precio internacional del crudo y de las gasolinas, el tipo de cambio, los impuestos, los márgenes logísticos-comerciales y, sobre todo, la política fiscal que el gobierno use para evitar (o permitir) “gasolinazos”.
La capacidad: 340 mil barriles en papel, más o menos en 206 mil en el último dato duro
La cifra clave es la de noviembre de 2025, la refinería Olmeca procesó 206,468 barriles diarios, lo que equivale a 60.5% de su capacidad instalada de 340 kbd, según cifras de Pemex. Ese mismo reporte señala que el director de Pemex, Víctor Rodríguez Padilla, habló de haber alcanzado 230 kbd a fines de octubre, y que la presidenta Claudia Sheinbaum mencionó recientemente picos de hasta 300 kbd.
En paralelo, también hay una lectura más conservadora desde el propio ecosistema: Pemex ha sugerido metas de operación de 300 kbd como referencia prudente, incluso si el diseño es 340. Y, como cualquier refinería en arranque, el reto no es “llegar” una vez, sino sostener la operación sin tropiezos eléctricos, cuellos de botella y paros no programados.
La Agencia Internacional de Energía (AIE), asegura que el 2026 será el año en que la refinería alcanzará plena operación, con una primera fase de 170 kbd que entró antes y una segunda etapa en 2025, que consolidaría la capacidad total.
Entonces… ¿por qué no bajará la gasolina aunque Dos Bocas aumente su producción?
Porque el precio en la estación de servicio no es el “precio de refinación”. Es una suma de piezas donde la refinación es solo una.
1) La referencia del precio no está en Dos Bocas: está en el mercado internacional y el dólar
En México, el precio al público se explica por componentes como: precio de referencia internacional, ajustes de calidad, logística, margen de mayoreo y impuestos.
Y una explicación clásica (y vigente) es que el precio de referencia suele anclarse a cotizaciones en la Costa del Golfo de EE.UU. convertidas a pesos con el tipo de cambio.
Traducción simple: aunque refines “en casa”, el mercado sigue mirando el precio “de afuera”. Si sube la gasolina en la Costa del Golfo o se deprecia el peso, la presión al alza existe aunque Dos Bocas esté a tope.
2) IEPS e IVA: aunque baje el costo, el impuesto no desaparece
El consumidor paga una parte importante del litro en impuestos. Para 2026, Hacienda publicó el acuerdo de actualización de cuotas de IEPS aplicables a combustibles.
En números: la cuota para gasolina regular (menor a 91 octanos) se ubica en 6.7001 pesos por litro; premium, 5.6579; diésel, 7.3634.
Además, el IEPS funciona como “válvula política”: cuando el precio internacional sube, se usan estímulos para amortiguar; cuando baja, se retiran estímulos y se cobra más cuota completa. Eso puede comerse cualquier beneficio de costos sin que el público vea una baja clara.
3) Volumen: Dos Bocas no cubre toda la demanda de gasolina del país
Incluso con una tendencia exitosa, la pregunta es de escala: México tiene una demanda de gasolina de más de 700 mil barriles diarios, según reportes que citan cifras de consumo nacional.
Y en 2025, organizaciones del sector han señalado que las importaciones han representado más de la mitad del consumo, con estimaciones de consumo alrededor de 800 mil barriles diarios.
Eso significa que Dos Bocas puede ayudar, sí, pero el precio seguirá “promediándose” con moléculas importadas y con referencias internacionales mientras la dependencia no se reduzca de manera estructural y sostenida.
4) Logística y distribución: producir no es lo mismo que colocar eficientemente
En fases tempranas, incluso hubo cargamentos de diésel de Olmeca destinados a exportación porque la infraestructura de distribución nacional aún no estaba lista, mientras se estabilizaba producción y logística.
Cuando el cuello de botella es transporte, almacenamiento, mezclado, terminales o ductos, el impacto en el precio final se diluye: el costo logístico sigue ahí y, en algunos corredores, puede dominar.
5) Refinar no es sinónimo de “refinar barato”
La refinación es un negocio de márgenes estrechos y muy sensible a eficiencia operativa. Si una refinería opera con paros, baja utilización o rendimientos subóptimos, puede producir combustibles… pero caros. Y si Pemex absorbe pérdidas para sostener precios, el costo no desaparece: se traslada al balance de Pemex o a la recaudación (vía estímulos).
Lo que sí puede cambiar Dos Bocas
La refinería de Dos Bocas puede ser valiosa por otras razones, permitirá reducir importaciones en el margen, bajar exposición a shocks, mejorar seguridad de abasto y dar más flexibilidad operativa. Pero “bajar el precio” exige otra ecuación: estabilidad del crudo, tipo de cambio favorable, disciplina fiscal (IEPS/estímulos), logística eficiente y competencia real en el mercado de combustibles.
Dos Bocas puede aumentar oferta interna, pero el precio al público lo manda un tablero más grande que una refinería. Y ese tablero —en 2026— sigue teniendo botones que se aprietan en Washington (cotizaciones), en Banxico (tipo de cambio) y en Hacienda (IEPS/estímulos).








