En lo que va del año, la inversión física de Pemex, alcanzó su nivel más bajo de los últimos 17 años, lo que representa una caída del 32.1% frente a lo registrado en 2024, de acuerdo con México Evalúa.
Entre enero y julio de 2025, la inversión física de Petróleos Mexicanos (Pemex) alcanzó apenas 149,200 millones de pesos, el monto más bajo para un periodo similar en los últimos 17 años, de acuerdo con el reporte Erario al momento del centro de análisis México Evalúa. Esta caída representa una disminución real del 32.1% respecto al mismo periodo de 2024, lo que equivale a 70,600 millones de pesos menos.
Aunque el Presupuesto de Egresos de la Federación ya contemplaba una reducción de 18.9% en inversión para Pemex este año, el recorte observado fue aún más drástico, con una diferencia de 13.2 puntos porcentuales. Este desfase amenaza directamente los objetivos trazados en el Plan Estratégico 2025–2035, el cual plantea que a partir de 2027 la empresa debería alcanzar autosuficiencia financiera, pagar deuda, mantener inversiones clave y desarrollar nuevos yacimientos.
Los impactos del recorte ya son palpables. En el primer semestre del año, Pemex produjo 1.44 millones de barriles diarios, una cifra 7.69% inferior a la meta establecida y la más baja desde hace más de 35 años. México Evalúa señala que esta baja refleja una presión estructural sobre la capacidad operativa de la empresa.
Además, los costos financieros continúan en aumento: el pago de intereses por deuda sumó 104,300 millones de pesos, un incremento del 30% frente al año anterior. Mientras tanto, los ingresos por ventas de petróleo alcanzaron 526,200 millones, pero cayeron 16.3% respecto a 2024, lo que reduce el margen fiscal de Pemex.
A pesar de ello, Pemex transfirió 146,400 millones de pesos a la federación, aunque recibió 110,800 millones en apoyos, generando un beneficio neto para el Estado de apenas 35,600 millones. Esta cifra representa solo el 6.8% de la renta petrolera, lo que equivale a 268 pesos por persona, una caída del 98% en comparación con lo que se generaba en 2008.
Estos indicadores exponen una contradicción entre las metas sexenales de autosuficiencia y el debilitamiento de la inversión pública en la petrolera estatal, en un contexto donde los apoyos fiscales ya no son suficientes para revertir su deterioro financiero-operativo.









