El smartshoring está posicionando a México como destino estratégico para industrias de alta tecnología. Estados como Nuevo León, Jalisco y Querétaro destacan por su infraestructura, talento y colaboración académica, atrayendo inversiones en manufactura avanzada, tecnología, energías renovables y dispositivos médicos.
En la era de las cadenas de suministro globales optimizadas, conceptos como nearshoring y smartshoring se han convertido en palabras clave para las decisiones estratégicas de inversión. Aunque comparten la esencia de la relocalización de operaciones, el enfoque y el impacto de cada uno son muy distintos.
Mientras que el nearshoring busca la proximidad geográfica para facilitar la comunicación, reducir tiempos logísticos y aprovechar similitudes culturales —como lo hace México con su vecino Estados Unidos—, el smartshoring representa una evolución más sofisticada. Se trata de una estrategia que optimiza de forma integral la cadena de valor de una empresa, combinando onshoring, nearshoring y offshoring, de acuerdo con criterios como costos, acceso a talento, infraestructura tecnológica, riesgos geopolíticos y eficiencia operativa.
En este escenario, México no solo se ha beneficiado del nearshoring, sino que tiene el potencial de posicionarse como un líder en smartshoring gracias a sus polos industriales bien desarrollados, talento técnico calificado, ubicación estratégica y cultura de innovación. El reto está en identificar qué estados y sectores pueden capitalizar mejor esta tendencia.
De acuerdo con PWC México, Nuevo León es uno de los hubs más dinámicos para la manufactura avanzada. Sectores como el automotriz, enseres domésticos y electrónica encuentran en este estado una combinación única de infraestructura logística de primer nivel, proximidad a la frontera y una sólida base académica con instituciones como el Tecnológico de Monterrey. Además, cuenta con clústeres industriales donde convergen empresas, universidades y gobierno.
Apodado el “Silicon Valley mexicano”, Jalisco es el ejemplo más claro de cómo una región puede convertirse en el núcleo de smartshoring para industrias tecnológicas. Su ecosistema de investigación, desarrollo e innovación en electrónica y tecnologías de información lo hace ideal para proyectos de alta complejidad técnica. Colliers México destaca que la inversión en I+D ha crecido cerca de 20% anual, impulsada por políticas estatales y la participación activa de universidades y empresas globales.
Querétaro ha evolucionado hasta convertirse en un clúster de manufactura y diseño aeroespacial. Además, destaca por sus capacidades en automatización, robótica y biotecnología, respaldadas por alianzas entre universidades e industria. Según BBVA Research, esta colaboración ha sido clave para atraer inversiones de alto valor agregado, consolidando al estado como referente en innovación.
El estado de Chihuahua ha crecido notablemente en sectores como el aeroespacial, automotriz y electrónico. KPMG México resalta que su infraestructura de manufactura de alta precisión, combinada con una fuerza laboral especializada y su cercanía con Estados Unidos, lo convierten en una plataforma ideal para smartshoring.
La frontera noroeste de México alberga uno de los mayores polos de manufactura de dispositivos médicos. Colliers México señala que Baja California no solo destaca por su capacidad técnica, sino también por su acceso logístico al mercado estadounidense. Además, ha despuntado en energías renovables, especialmente en generación solar, lo que complementa su perfil de destino estratégico.
El Baker Institute resalta que, gracias al T-MEC, San Luis Potosí y Coahuila han visto un auge en inversión automotriz y metalúrgica. Ambos estados cuentan con infraestructura industrial sólida y comienzan a atraer proyectos eólicos, consolidando su papel en el suministro energético del futuro.
México se encuentra ante una gran oportunidad: dejar de ser solo un destino de nearshoring para convertirse en un nodo clave del smartshoring global. Los estados con ecosistemas maduros de innovación, talento especializado y colaboración institucional tienen las mayores posibilidades de captar inversiones de alto valor.
Impulsar sectores como la manufactura avanzada, la electrónica, los dispositivos médicos, las tecnologías de la información y las energías renovables no solo elevará la competitividad nacional, sino que también integrará al país en cadenas globales de suministro más resilientes, sostenibles y tecnológicas.









