El negocio de refinación de Pemex generó pérdidas por 585 mil millones de pesos en 2024, revelando su ineficiencia y poniendo en riesgo su viabilidad financiera.
El principal problema financiero de Petróleos Mexicanos (Pemex) no está en la extracción de crudo, sino en su proceso de refinación. En 2024, el área de Pemex Transformación Industrial —encargada del refinado— acumuló pérdidas por 585,000 millones de pesos, convirtiéndose en el mayor lastre financiero de la empresa productiva del Estado. Esta situación es considerada insostenible por especialistas como Óscar Ocampo, coordinador de Energía del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), quien señala que refinar se volvió un objetivo de política pública desvinculado de la eficiencia económica o la verdadera seguridad energética.
Ocampo explica que, dadas las condiciones actuales del sistema nacional de refinación, resulta más rentable exportar petróleo crudo que refinarlo en el país. Esta paradoja refleja no solo un uso ineficiente de los recursos públicos, sino una visión errada de lo que significa lograr soberanía energética: perseguir la autosuficiencia en gasolina sin considerar los costos financieros ha sido contraproducente.
Además, la producción de crudo por parte de Pemex también está por debajo de lo proyectado. Mientras el plan era alcanzar los 1.8 millones de barriles diarios, la cifra real ronda los 1.6 millones, lo cual limita aún más la capacidad de alimentar el sistema de refinación y afecta los ingresos por exportaciones.
Un ejemplo claro del desequilibrio en el modelo de refinación es la refinería Olmeca, en Dos Bocas, inaugurada en 2022 y oficialmente operativa desde mediados de 2024. A pesar de su alto costo de construcción, en mayo de 2025 procesó apenas 114,900 barriles por día, es decir, 33.8% de su capacidad instalada. Esto muestra que no sólo es caro refinar, sino que ni siquiera se está aprovechando la infraestructura construida para este fin.
El caso de la refinación es un reflejo de una estrategia energética que priorizó símbolos políticos sobre la rentabilidad y la sostenibilidad financiera. Mientras el resto del mundo busca eficiencia y transición energética, Pemex continúa hundiendo recursos en una actividad que, bajo el esquema actual, consume más de lo que aporta. Si no se replantea esta estrategia, la petrolera seguirá atrapada en un ciclo de pérdidas que compromete su futuro y el de las finanzas públicas del país.








