La iniciativa de pagos digitales abre oportunidades para las estaciones de servicio, pero plantea retos de costos, conectividad e inclusión financiera.
El pasado 8 de septiembre, el Ejecutivo Federal presentó ante la Cámara de Diputados la iniciativa que expide la Ley de Economía Digital para Pagos Digitales y Electrónicos, como parte del Paquete Económico 2027. Se trata de un ordenamiento breve, de 22 artículos y cinco transitorios, que actualmente se encuentra en proceso legislativo y, por tanto, todavía no constituye derecho vigente.
Sin embargo, pocas iniciativas pueden tener un impacto tan directo en la operación cotidiana de las estaciones de servicio.
Conviene comenzar por una precisión importante: la iniciativa no establece que las gasolineras deban dejar de aceptar efectivo. Su artículo 13 faculta a la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) para determinar los sectores estratégicos y actividades relevantes en los que la aceptación de medios de pago digitales y electrónicos podrá establecerse como la única forma de pago. Las estaciones de servicio no aparecen expresamente señaladas en el texto de la iniciativa, pero tampoco están excluidas.
Por ello, más que esperar a conocer una regulación posterior, el sector tiene hoy la oportunidad de participar en su construcción y aportar algo indispensable: la realidad de la operación de una estación de servicio.
Digitalizar también significa hacer más segura la estación
Los empresarios gasolineros no están en contra de la modernización de los medios de pago. Por el contrario, la digitalización puede generar beneficios importantes para el sector.
El primero es la seguridad
Pocas actividades comerciales concentran diariamente tantos pagos en efectivo, en tantos puntos y durante jornadas prolongadas, como una estación de servicio. Reducir el efectivo disminuye la exposición de los despachadores y clientes, reduce los traslados de valores y limita riesgos asociados con faltantes, errores de caja o billetes falsos.
El segundo beneficio es la eficiencia operativa
Los pagos digitales pueden facilitar la conciliación, mejorar el control financiero y generar información transaccional que ayude a relacionar el volumen despachado con el ingreso efectivamente recibido. En un sector que enfrenta cada vez mayores exigencias fiscales y regulatorias, esta trazabilidad puede convertirse en una herramienta de cumplimiento.
Existen, además, alternativas que muestran que digitalizar no necesariamente significa encarecer cada operación. Herramientas como CoDi y DiMo, impulsadas por Banco de México, permiten realizar pagos digitales con características que pueden resultar atractivas para comercios y consumidores.
El tercer beneficio es la formalización
En una actividad donde la trazabilidad del producto, del volumen y de las operaciones comerciales es cada vez más importante, contar con registros electrónicos puede fortalecer la congruencia entre lo despachado, lo cobrado y lo declarado.
Para el permisionario que cumple, la trazabilidad no debe verse como una amenaza. Debe convertirse en una herramienta de protección frente a la competencia desleal y frente a quienes operan al margen de las obligaciones fiscales y regulatorias.
Una estación de servicio no opera en un laboratorio
La digitalización puede ser una gran herramienta, pero su implementación debe partir de las condiciones reales del país y de la operación de las estaciones de servicio.
La primera realidad es la inclusión financiera: De acuerdo con datos citados por la Asociación de Bancos de México, más de 25 millones de personas no están incorporadas a algún servicio bancario, alrededor de 19% de la población. Además, existen millones de personas que enfrentan limitaciones de conectividad.
Esto adquiere especial relevancia en estaciones ubicadas en comunidades rurales, carreteras y regiones alejadas de los grandes centros urbanos.
El combustible no es un bien cuya adquisición pueda posponerse indefinidamente por una falla en una aplicación, una terminal o una red de telecomunicaciones. Para una persona que necesita combustible para trasladarse a trabajar, para transportar mercancías o para mantener en operación una actividad productiva, la disponibilidad del medio de pago puede convertirse directamente en un asunto de acceso al suministro.
La segunda realidad es la dependencia tecnológica: Una transacción digital no depende exclusivamente de la estación. Intervienen terminales, conectividad, redes celulares, energía eléctrica, bancos emisores, adquirentes, procesadores y otros participantes del ecosistema.
La iniciativa contempla que, ante una contingencia que imposibilite la recepción de medios digitales, pueda aceptarse efectivo o cheque.
Pero la definición práctica de esa contingencia será fundamental.
¿Qué sucede cuando falla el internet de la estación? ¿Cuando se interrumpe la red celular? ¿Cuando existe una falla generalizada del procesador? ¿Cuando la terminal bancaria no responde? ¿Quién acredita la contingencia? ¿Durante cuánto tiempo puede operar la estación con un medio alternativo?
Estas preguntas deben quedar resueltas antes de trasladar una obligación digital al punto de venta.
El costo también importa
La transición tampoco puede analizarse únicamente desde la perspectiva tecnológica.
Las estaciones de servicio operan con márgenes estrechos y enfrentan presiones importantes en su estructura financiera. En el caso del diésel para transporte, además, una parte relevante de las operaciones se realiza mediante crédito, lo que implica costos financieros para el empresario.
Por ello, cualquier política de digitalización debe garantizar que el costo de migrar al pago electrónico no termine trasladándose al precio del combustible o reduciendo aún más el margen de la estación.
En este sentido, merece reconocerse el acuerdo implementado durante 2026 para llevar temporalmente a cero las cuotas de intercambio en pagos con tarjeta en estaciones de servicio. La medida fue establecida por un periodo de seis meses y representó un alivio para los empresarios gasolineros.
El siguiente paso debe ser analizar integralmente el resto de los costos asociados a los medios de pago, particularmente aquellos relacionados con vales y otros instrumentos utilizados de manera importante por empresas y transportistas.
La digitalización debe significar eficiencia, no una nueva carga económica para una actividad que ya enfrenta una estructura regulatoria y operativa cada vez más compleja.
El factor humano: el despachador también cuenta
Hay otro elemento que no puede quedar fuera de la conversación: las propinas.
Para miles de despachadores, la propina representa una parte relevante de su ingreso cotidiano. La migración hacia medios digitales debe contemplar mecanismos sencillos, transparentes y trazables para que el consumidor pueda mantener esta práctica y para que el trabajador pueda recibirla de manera efectiva.
Digitalizar el pago del combustible no significa digitalizar únicamente la transacción comercial. Significa transformar toda la experiencia alrededor de ella.
Una transición gradual y con reglas claras
La discusión no debería plantearse como una disyuntiva entre efectivo o tecnología.
El objetivo debe ser construir un ecosistema donde los medios digitales sean cada vez más accesibles, confiables y competitivos, sin generar barreras para consumidores ni cargas desproporcionadas para las estaciones.
Para ello, considero fundamentales cinco condiciones.
Primero, incentivos antes que sanciones. La adopción será más rápida cuando el consumidor encuentre ventajas concretas en utilizar medios digitales.
Segundo, gradualidad. No todas las regiones tienen las mismas condiciones de conectividad, bancarización e infraestructura. La transición debe considerar esas diferencias y sustentarse en indicadores verificables.
Tercero, continuidad operativa. El efectivo debe funcionar como mecanismo de respaldo mientras exista la posibilidad de interrupciones tecnológicas o de conectividad.
Cuarto, costos competitivos. Las comisiones asociadas a los diferentes medios de pago deben reducirse al mínimo posible para evitar que la digitalización termine encareciendo la operación de la estación.
Quinto, responsabilidades claramente delimitadas. Una falla originada en un banco, procesador, red de telecomunicaciones o proveedor tecnológico no debería convertirse automáticamente en un incumplimiento atribuible al permisionario.
Una oportunidad para construir mejor regulación
La economía digital es una realidad y el sector gasolinero debe formar parte de ella.
Las estaciones de servicio pueden ser más seguras, más eficientes y más trazables mediante el uso adecuado de tecnologías de pago. Pero una transición exitosa requiere reconocer que no todas las estaciones, regiones y consumidores parten del mismo punto.
La discusión que hoy se abre con la iniciativa de Ley de Economía Digital debe ir más allá de la pregunta sobre cuándo dejará de utilizarse el efectivo.
La pregunta verdaderamente relevante es otra:
¿Cómo construimos un sistema de pagos digitales que sea seguro, incluyente, competitivo y viable para todos?
El sector gasolinero está dispuesto a avanzar. Pero para que la transformación sea sostenible, la regulación debe construirse con la realidad de las estaciones de servicio sobre la mesa.
Porque digitalizar no significa simplemente cambiar la forma de pagar. Significa transformar una parte esencial de la operación de un servicio estratégico para la movilidad y la actividad económica del país.










