¿Toda el agua es igual? Juan Pablo Rivero, CEO de Hydrous, explica por qué sus minerales pueden cambiar productos y procesos.
Durante años hemos asociado la calidad de un producto con mejores ingredientes, procesos más sofisticados o tecnología más avanzada. Sin embargo, cuando pensamos en los factores que definen la calidad de un vino, un whisky, una cerveza artesanal o incluso una buena taza de café, solemos hablar de la uva, el grano, la levadura, el nivel de tueste o la experiencia de quien los produce.
Pero basta modificar la composición mineral del agua para que cambie el comportamiento de una fermentación, la extracción de aromas o incluso el sabor final del producto. No es casualidad que algunas de las cervecerías más reconocidas del mundo reproduzcan perfiles minerales específicos para elaborar estilos tradicionales, o que destilerías y bodegas presten tanta atención al agua como a sus materias primas.
Incluso existen water sommeliers, profesionales especializados en evaluar el perfil sensorial y mineral del agua. Ellos analizan aspectos como la mineralidad, el pH, la efervescencia e incluso la forma en que un tipo de agua puede realzar o modificar la experiencia de distintos alimentos y bebidas.
Esto supone que el agua no es un recurso uniforme. Tiene una composición que puede medirse, reproducirse y ajustarse según el resultado que se busca.
Por ejemplo, en sectores como la producción de alimentos, industria farmacéutica, fabricación de semiconductores, cosmética o incluso algunos procesos hospitalarios trabajan con especificaciones precisas de agua. No se trata únicamente de garantizar que sea segura, sino de asegurar que tenga las características necesarias para que cada proceso funcione como fue diseñado.
Una de las industrias es la cafetalera. Una taza de expresso está compuesta entre un 90% y 98% de agua, mientras que un café filtrado puede superar el 99%. Incluso la Specialty Coffee Association establece parámetros específicos para el agua utilizada en la extracción porque pequeñas variaciones en su composición pueden modificar el equilibrio de sabores, la acidez, el cuerpo y la consistencia entre una taza y otra.
En la industria tecnológica, por ejemplo, la fabricación de los semiconductores que hacen posible teléfonos inteligentes, computadoras y centros de datos depende de agua con un nivel de pureza único. Ya que una mínima variación en su composición puede comprometer procesos que requieren precisión a escala microscópica. Para esta industria no existe “cualquier agua”; existe el agua adecuada para cada etapa del proceso.
El consumo humano tampoco es la excepción. En un país como México, donde las olas de calor son cada vez más frecuentes y en algunas regiones las temperaturas superan los 45 °C, mantenerse bien hidratado deja de ser una recomendación para convertirse en una necesidad. Además de agua, el organismo pierde electrolitos a través del sudor, como sodio, potasio y magnesio, minerales esenciales para funciones como la contracción muscular, la transmisión nerviosa y el equilibrio de líquidos.
Esta realidad ha impulsado el desarrollo de nuevas soluciones de hidratación que no solo buscan reponer líquidos, sino ofrecer distintas composiciones minerales para responder a diferentes necesidades. Un ejemplo es WaHa, empresa que desarrolló una tecnología capaz de generar agua a partir de la humedad del aire y, posteriormente, ajustar su composición mineral para obtener agua de excelente calidad.
Además de ofrecer una nueva forma de obtener agua para beber, este tipo de tecnología también cobra relevancia cuando el suministro tradicional presenta problemas. Un ejemplo reciente ocurrió en Guadalajara, donde la Secretaría de Salud recomendó no utilizar el agua de la llave para beber, cocinar, preparar alimentos e incluso cepillarse los dientes debido a la turbiedad y los altos niveles de contaminación detectados en la red pública. Situaciones como esta muestran la importancia de contar con alternativas que permitan acceder a agua segura cuando la infraestructura convencional falla.
Al final, la innovación no solo consiste en desarrollar nuevas tecnologías, sino en resolver problemas que hace unos años parecían impensables. Si el calor extremo, el estrés hídrico y el deterioro de parte de la infraestructura seguirán marcando el futuro, también tendremos que replantear la forma en que obtenemos, consumimos y protegemos un recurso tan básico como el agua. Porque, al igual que ocurrió con la energía o los alimentos, garantizar el acceso a agua segura y de calidad dejará de depender únicamente de las fuentes tradicionales y dará paso a soluciones que hace apenas unos años parecían parte de la ciencia ficción.











