El país quema más de 5,000 millones de metros cúbicos de gas al año, una fuga de recursos que equivale a perder 1.2 millones de dólares diarios en combustible utilizable.
De acuerdo con datos de Centla Energy en México, el gas que se quema en los mecheros o antorchas al aire libre en sólo 24 horas alcanzaría para abastecer de agua caliente y gas para cocinar a más de 13 millones de hogares por un día, o cubrir el consumo mensual completo de toda la población de Monterrey o Guadalajara.
Esta cifra equivale a más de 5,000 millones de metros cúbicos anuales al aire mientras la industria padece desabasto.
Falta de infraestructura, el riesgo para la industria
Ante este panorama, la compañía especializada en exploración y producción de hidrocarburos estima que en términos de negocio, la industria pierde cerca de 1.2 millones de dólares diarios en combustible que sale del subsuelo, pero se esfuma en la atmósfera por falta de infraestructura para aprovecharlo.
Por ello, frenar ese drenaje de recursos dejó de ser sólo una causa ecológica para convertirse en la decisión operativa y financiera más rentable del sector energético nacional.
Frente a este escenario, Centla Energy propone cambiar el enfoque para aprovechar el gas asociado en vez de quemarlo al aire libre.
La compañía plantea rehabilitar la infraestructura de recolección, compresión y transporte para llevar ese combustible a donde sí se necesita, convirtiendo un desperdicio operativo en ventas comerciales y valor para el país.
“En un pozo petrolero, el compromiso ambiental no se mide en declaraciones, sino en la disciplina técnica de detectar y reparar fugas, dar mantenimiento a la infraestructura y maximizar el aprovechamiento del gas y los hidrocarburos producidos para generar ingresos y valor real para el país”, indicó José Bosch, Director General de Centla Energy.

¿Qué se necesita para rehabilitar el gas natural desperdiciado?
La Agencia Internacional de la Energía (AIE) calcula que más del 40% de ese volumen se puede recuperar con ganancia económica inmediata rehabilitando compresión básica en pozos viejos.
La explicación es sencilla, pues en campos maduros que tienen décadas de explotación, el gas ya no sale con la presión suficiente para viajar solo por ductos y, al no poder contenerse en instalaciones antiguas, termina ardiendo en los mecheros como medida de seguridad.
Cambiar esta realidad exige identificar dónde están las mermas, fortalecer la detección y reparación de fugas, controlar emisiones fugitivas s en las instalaciones y conectar sistemas de compresión que conduzcan el gas hacia la red comercial.
Al recuperar ese hidrocarburo desde boca de pozo, el gas asociado que antes se perdía o se quemaba entra directo a la tubería de venta para abastecer a la industria nacional y reduce de inmediato la contaminación en las comunidades vecinas.
“Tratar al gas asociado como un residuo que se quema al aire es renunciar a un activo con valor comercial inmediato; recuperarlo, acondicionarlo y colocarlo en el mercado es, simplemente, buena administración del recurso”, señaló Bosch.
Invertir donde ya existe infraestructura, la clave para evitar desperdicio
Centla Energy recomienda que la reactivación de campos maduros parta del mantenimiento de las instalaciones existentes, recuperando la productividad de pozos parados sin necesidad de abrir nuevos frentes de impacto ambiental.
Su propuesta también atiende el manejo, tratamiento y reinyección de agua producida mediante circuitos cerrados y procedimientos autorizados, para devolverla al subsuelo de forma segura y proteger la tierra y los mantos freáticos de la región.
“Los campos maduros exigen rigor operativo; la disciplina se traduce directamente en resultados, y el descuido tiene un costo alto y cuantificable. Cuando una instalación deja de perder una sola gota de crudo o molécula de gas, se extiende la vida útil del campo y se construye la confianza de las comunidades donde operamos”, puntualizó el directivo.
Con estas acciones en marcha, la rentabilidad y el cuidado del entorno avanzan en la misma dirección. Al canalizar el gas a la venta y reducir fugas y emisiones fugitivas en superficie, la reactivación de campos tradicionales prueba que la viabilidad energética de México no depende sólo de proyectos costosos ni de fórmulas complejas, sino también de la disciplina operativa de no desperdiciar lo que ya tenemos.











