El conflicto en Ormuz y la menor inversión petrolera elevan el riesgo de una crisis de oferta hacia el cierre de la década.
La escalada geopolítica en Medio Oriente ha vuelto a colocar al Estrecho de Ormuz en el centro de las preocupaciones sobre la seguridad energética mundial. El conflicto entre Estados Unidos e Irán no sólo representa un riesgo militar: también amenaza una de las arterias más importantes para el movimiento internacional de hidrocarburos.
La Administración de Información Energética de Estados Unidos (EIA) ha descrito a Ormuz como el punto de tránsito petrolero más importante del mundo. Datos del organismo muestran que durante 2022 y el primer semestre de 2023 más de una cuarta parte del petróleo comercializado globalmente por vía marítima atravesó el estrecho.
Además, alrededor de 20% del comercio mundial de gas natural licuado (GNL) pasó por esta ruta durante 2024.
Aztlán advierte un cuello de botella hacia 2030
Para Alejandro H. Garza Salazar, fundador y director de inversiones de Aztlan Equity Management, el problema trasciende la coyuntura militar.
En su análisis sostiene que años de menor inversión en exploración y proyectos petroleros de largo plazo podrían reducir progresivamente el margen de maniobra de la oferta mundial.
De acuerdo con las proyecciones del Análisis y Pronóstico de la Industria Petrolera de Aztlán 2030, la oferta de líquidos fuera de OPEP+ alcanzaría un techo cercano a 56.5 millones de barriles diarios, para después estancarse y comenzar a retroceder.
Esta estimación corresponde al escenario elaborado por Aztlán y contrasta con otras previsiones internacionales.
La Agencia Internacional de la Energía (AIE), por ejemplo, estimó en su reporte Oil 2025 que la oferta no-OPEP+ podría aumentar 3.1 millones de barriles diarios hacia 2030, aunque también advirtió que el número de proyectos aprobados disminuiría después de 2027.
Preocupa menor inversión
La AIE calculó que la inversión petrolera upstream caería 6% en 2025, hasta aproximadamente 420,000 millones de dólares, después de que los menores precios y la incertidumbre llevaran a distintas compañías a reconsiderar sus planes de gasto.
Otro análisis del organismo señala que cerca de 90% de la inversión anual en petróleo y gas desde 2019 se ha destinado a compensar el declive natural de los campos existentes, en lugar de satisfacer crecimiento adicional de la demanda.
Esto implica que incluso una disminución relativamente pequeña de la inversión puede modificar la trayectoria futura de la producción.
El papel de América y la OPEP+
Garza Salazar considera que América ha funcionado como amortiguador del mercado gracias al crecimiento de la producción estadounidense y nuevos desarrollos regionales. Sin embargo, advierte que esa capacidad podría perder fuerza.
Bajo el escenario planteado por Aztlán, una menor expansión fuera de la OPEP+ devolvería mayor influencia al bloque sobre el mercado y los precios internacionales.
La AIE presenta una perspectiva distinta: su escenario publicado en 2025 anticipaba que, si se mantenían determinados niveles de producción, la oferta petrolera mundial podría alcanzar 107.2 millones de barriles diarios en 2030, unos 1.7 millones por encima de la demanda proyectada.
Ormuz vuelve urgente el debate
La AIE reportó, de acuerdo con información publicada este 12 de agosto por El País, que los inventarios petroleros mundiales se redujeron en 410 millones de barriles entre febrero y julio de 2026, mientras las reservas estratégicas disminuyeron alrededor de 300 millones de barriles ante las disrupciones asociadas con Ormuz.
Para Garza Salazar, el escenario demuestra que la transición energética no puede diseñarse suponiendo que el abastecimiento de combustibles fósiles permanecerá estable durante todo el proceso.







