Un estudio de la CEPAL concluye que ampliar la matriz de generación eléctrica fortalecería los encadenamientos productivos y tendría efectos positivos sobre el PIB en el largo plazo.
Arturo Castillo
La diversificación de fuentes de energía eléctrica es un tema ineludible. Sin duda, la forma en que México genera su electricidad podría convertirse en un factor determinante para acelerar el crecimiento económico durante los próximos años. Un estudio de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) concluye que una mayor diversificación de las fuentes de generación eléctrica no solo contribuiría a la transición energética, sino que también fortalecería la actividad productiva, el empleo y los encadenamientos industriales del país.
El análisis, titulado Transición energética y crecimiento económico en México: una mirada hacia un desarrollo sostenible y sostenido, evaluó mediante modelos econométricos el impacto que distintas tecnologías de generación eléctrica tienen sobre el Producto Interno Bruto (PIB). Los resultados muestran que el efecto económico no depende únicamente del incremento en la oferta de electricidad, sino también de la tecnología utilizada para producirla.
De acuerdo con la investigación, cada aumento de un punto porcentual en la generación termoeléctrica podría asociarse con un incremento de 0.4 puntos porcentuales en el PIB. En el caso de la generación hidroeléctrica, el efecto estimado sería de 0.2 puntos porcentuales; para la energía nuclear alcanzaría 0.1 puntos, mientras que la carboeléctrica aportaría 0.03 puntos porcentuales.
Transición energética también es una estrategia de desarrollo
Más allá de los beneficios ambientales, la CEPAL sostiene que la transición energética debe entenderse como una política de desarrollo económico. El organismo considera que incorporar nuevas tecnologías de generación fortalece los vínculos entre distintos sectores productivos, incrementa el valor agregado nacional y genera efectos multiplicadores sobre la economía.
Según el estudio, la incorporación gradual de tecnologías renovables en el sistema eléctrico tendría un impacto positivo sobre la producción, el empleo y el valor agregado, al favorecer una mayor integración entre las cadenas de suministro vinculadas con la generación eléctrica. Para llegar a esta conclusión, los investigadores utilizaron modelos autorregresivos vectoriales, funciones de impulso-respuesta, el método generalizado de momentos y la matriz insumo-producto de México correspondiente a 2018.
La investigación subraya que el crecimiento económico derivado de una mayor generación eléctrica varía significativamente según la fuente utilizada. Este hallazgo plantea la necesidad de diseñar políticas públicas que no solo amplíen la capacidad instalada, sino que también promuevan una combinación tecnológica capaz de maximizar los beneficios económicos para el país.
Persisten retos para ampliar la capacidad renovable
Aunque México dispone de un importante potencial para desarrollar proyectos de energía solar, eólica y geotérmica, la CEPAL advierte que ese potencial aún enfrenta obstáculos institucionales, tecnológicos y financieros que limitan su aprovechamiento.
Dicho documento señala que, pese a los esfuerzos para incrementar la participación de fuentes limpias, alrededor del 75% de la generación eléctrica continuará dependiendo de combustibles fósiles durante los próximos años, de acuerdo con información de la Secretaría de Energía analizada por el organismo.
Al mismo tiempo, la Comisión identifica oportunidades para fortalecer la seguridad energética mediante una matriz de generación más diversificada, capaz de responder con mayor flexibilidad a la creciente demanda derivada del desarrollo industrial, la electrificación de procesos productivos y la relocalización de cadenas de suministro.
Energía como factor de competitividad
Las conclusiones del estudio adquieren especial relevancia en un momento en que México busca consolidarse como uno de los principales destinos del nearshoring. La disponibilidad de energía suficiente, confiable y con costos competitivos figura entre los elementos más valorados por las empresas que evalúan nuevas inversiones manufactureras.
Para la CEPAL, la transición energética no implica únicamente sustituir combustibles fósiles por fuentes renovables, sino construir un sistema eléctrico capaz de impulsar un crecimiento económico sostenido mediante una combinación eficiente de tecnologías de generación. En ese contexto, la diversificación energética aparece como una herramienta para fortalecer la productividad y mejorar la capacidad de respuesta de la economía frente a los cambios en los mercados internacionales.
Bajo esa perspectiva, el desafío para México consiste en traducir su potencial energético en una política de largo plazo que combine inversiones en infraestructura, desarrollo tecnológico, certidumbre regulatoria y expansión de las redes eléctricas. Si esas condiciones se consolidan, la generación de electricidad dejará de ser únicamente un insumo para convertirse en uno de los principales motores del crecimiento económico nacional.










