Pemex elevó la producción de gas en 4T25 a 3,879 MMpcd, pero el aprovechamiento cayó a 90.4% por cuellos de botella e infraestructura.
Petróleos Mexicanos cerró el cuarto trimestre de 2025 con una señal positiva en un rubro que se ha vuelto estratégico para el balance energético del país: la producción de gas natural. En el periodo, la empresa reportó una producción de gas hidrocarburo de 3,879 millones de pies cúbicos diarios (MMpcd), impulsada por la entrada y estabilización de pozos en desarrollos relevantes, entre ellos los incrementos vinculados a Bakté e Ixachi.
Sin embargo, el mismo reporte introduce una tensión operativa que limita el impacto de ese repunte: el sistema no está logrando aprovechar en su totalidad el gas que produce. Pemex reportó que el aprovechamiento de gas se ubicó en 90.4%, una disminución de 4.4 puntos porcentuales respecto al año anterior. En términos simples, la compañía produce más gas, pero una parte creciente enfrenta restricciones de manejo, proceso o transporte que impiden capturar el valor completo del volumen extraído.
El documento no deja este dato en el aire. Al explicar la caída del aprovechamiento, Pemex detalla cuellos de botella específicos que ayudan a dimensionar el tipo de problema que enfrenta la cadena del gas. Entre ellos, menciona el rechazo de gas en el Centro Procesador de Gas (CPG) Nuevo Pemex, así como capacidad limitada para procesar gas húmedo amargo proveniente de Bakté. A ese cuadro se suma una restricción logística concreta: limitaciones en el gasoducto L-3, que impiden evacuar todo el volumen en condiciones normales, particularmente cuando hay picos de producción o variaciones en la calidad del gas.
La lectura que deja el reporte es la de un sistema que se está moviendo en dos velocidades. Por un lado, Pemex muestra capacidad para reactivar o aumentar la producción de gas en campos que han ganado peso en su portafolio reciente. Por otro, el “cuello” se traslada a infraestructura de superficie: plantas de proceso, capacidad de tratamiento para gas con características más complejas, ductos y puntos de conexión. En el sector, esa diferencia suele ser determinante, porque el gas no solo se produce: hay que acondicionarlo, procesarlo y entregarlo con especificaciones que lo hagan utilizable en generación eléctrica, industria o distribución.
El caso de Bakté aparece como un ejemplo claro de cómo la calidad del gas puede alterar la ecuación. Pemex se refiere a limitaciones para procesar gas húmedo amargo, una condición técnica que requiere mayor capacidad de tratamiento. Cuando esa infraestructura no crece al ritmo de la producción, el resultado suele verse en indicadores como el aprovechamiento: sube el volumen extraído, pero no necesariamente sube en la misma proporción el volumen que llega a mercado en condiciones comerciales.
La presión sobre el sistema se vuelve más visible si se mira el desempeño anual. En el reporte, Pemex también consigna que el gas enviado a la atmósfera promedió 446 MMpcd en 2025, un incremento de 141 MMpcd respecto a 2024. Aunque el documento presenta ese indicador a nivel agregado y no lo adjudica a un solo activo, la coexistencia de tres datos en el mismo periodo —más producción en 4T25, menor aprovechamiento y mayor gas enviado a la atmósfera en el promedio anual— describe el tipo de tensión que enfrentan las operaciones cuando la infraestructura de tratamiento y transporte no acompaña el incremento de extracción.
El reporte sugiere que la historia del gas en Pemex ya no se define únicamente por el volumen producido, sino por la capacidad de la empresa para cerrar la brecha entre el pozo y el punto de entrega. En la práctica, eso implica que el “éxito” del gas pasa por plantas de proceso como Nuevo Pemex, por decisiones sobre expansión y mantenimiento en instalaciones que manejan gas con alto contenido de contaminantes o líquidos, y por ductos específicos cuya disponibilidad puede convertirse en el factor limitante del sistema.
Este desempeño ocurre, además, en un entorno donde el gas es un insumo crítico para la generación eléctrica y la industria, y donde cualquier restricción interna amplifica la dependencia del sistema de importaciones, principalmente desde Estados Unidos. Por eso, el dato de producción de 3,879 MMpcd en el trimestre es relevante, pero lo es aún más la pregunta técnica que deja el reporte: qué tan rápido puede Pemex aumentar el aprovechamiento, no solo para mejorar su propio balance operativo y ambiental, sino para transformar el incremento de extracción en moléculas efectivamente entregadas al mercado.
En términos operativos, el punto es que el gas tiene “valor” hasta que se procesa y se puede evacuar. El reporte identifica con nombre y apellido las limitaciones: rechazo en CPG Nuevo Pemex, restricciones en el manejo de gas húmedo amargo de Bakté y limitaciones en el ducto L-3. En el mapa energético, esas referencias convierten un tema que suele tratarse de forma abstracta en una discusión concreta de infraestructura: dónde está el cuello de botella, qué instalación lo provoca, y qué tipo de gas está presionando el sistema.
Mientras Pemex reporta que el cuarto trimestre mostró impulso por nuevos pozos y mayor producción, el indicador de aprovechamiento sugiere que la batalla clave está fuera del subsuelo: en la cadena de proceso, transporte y control operativo que determina cuántas moléculas terminan siendo útiles y cuántas quedan atrapadas por restricciones del sistema.











