Aunque las mineras reportan mayores utilidades por el alza del cobre y la plata, sobrecostos y fallas internas presionan sus márgenes.
El alza en los precios internacionales de metales como cobre, plata y molibdeno ha dado un respiro financiero a las principales empresas mineras que operan en México. No obstante, el sector enfrenta una presión creciente por sobrecostos operativos, procesos regulatorios más estrictos y cadenas de suministro tensionadas, factores que limitan la mejora en rentabilidad.
En 2024, la industria minera registró una inversión total de 5 mil 63 millones de dólares, concentrada en expansión y mantenimiento de operaciones, de acuerdo con la Cámara Minera de México (CAMIMEX). Aunque el capital sigue fluyendo, el margen de error es cada vez menor.
Utilidades al alza, pero con presión interna
Un ejemplo del dinamismo del sector es Grupo México, que reportó un crecimiento de 17% en su utilidad neta durante el primer trimestre de 2025, al alcanzar 1,090 millones de dólares, impulsado por mayores precios del cobre y la plata. Sus ingresos totales aumentaron 10% interanual.
En el tercer trimestre de 2025, la empresa registró un incremento superior a 50% en utilidad neta, con aproximadamente 1,290 millones de dólares, favorecida por mayores ventas de molibdeno, plata y zinc, pese a una ligera caída en la producción de cobre.
El optimismo también se reflejó en el mercado bursátil. Las mineras que cotizan en la Bolsa Mexicana de Valores (BMV) mostraron un crecimiento de 25% en su valor de mercado en el primer mes de 2026, equivalente a 433 mil 508 millones de pesos adicionales en capitalización, con avances destacados de Grupo México, Industrias Peñoles y Minera Frisco. En lo que va del año, el sector acumula ganancias por 309 mil 672 millones de pesos en capitalización.
Las “fugas silenciosas” que erosionan márgenes
Pese a estos resultados, especialistas advierten que el verdadero reto está en la eficiencia operativa.
“Las empresas mineras son capaces de extraer materiales aun cuando existen ineficiencias internas. El problema surge cuando esas fallas se acumulan y empiezan a afectar costos y compromisos comerciales sin generar alertas”, señala Zulma Herrera, empresaria e inversionista del sector.
Entre las principales amenazas se encuentran tres “fugas silenciosas”:
La primera son las compras con sobrecostos. La falta de controles de precio y la dependencia de proveedores únicos pueden generar desviaciones recurrentes que erosionan márgenes.
La segunda es el mantenimiento reactivo. Priorizar reparaciones de emergencia sobre esquemas preventivos eleva gastos, reduce la vida útil de la maquinaria y afecta la productividad.
La tercera tiene que ver con proveedores deficientes, cuyos incumplimientos en tiempos o certificaciones impactan la relación con compradores internacionales y pueden derivar en penalizaciones contractuales.
Más disciplina que extracción
El entorno global exige mayor control interno. Si bien el alza de metales ha fortalecido ingresos y compensado parte de la presión de costos, la rentabilidad sostenible dependerá menos del precio internacional y más de la disciplina operativa.
Auditorías constantes, límites de costo por insumo, mantenimiento preventivo y sistemas de alerta temprana son algunas de las herramientas que pueden cerrar estas brechas.
“La minería no pierde competitividad por un evento catastrófico. Se pierde por pequeñas fracturas que se repiten de forma constante”, concluye Herrera.
En un contexto de mayor competencia internacional, transición energética y presión regulatoria, la industria minera mexicana enfrenta un dilema: aprovechar el ciclo favorable de precios o permitir que los sobrecostos internos diluyan los beneficios.








