El Mazatlán Logistics Center invertirá más de 24 mil millones de pesos en tres etapas, con 197 hectáreas, 274 lotes industriales y más de 25 mil empleos proyectados.
El puerto que durante décadas fue sinónimo de turismo y pesca ahora quiere jugar en otra liga: la de los grandes hubs logísticos del Pacífico. Con la inauguración de la primera etapa del Mazatlán Logistics Center, Sinaloa activó un proyecto que, en conjunto, contempla más de 24 mil millones de pesos de inversión y una apuesta de largo plazo por convertir a Mazatlán en punto estratégico para el comercio entre América y Asia.
El desarrollo, impulsado por Grupo ARHE y autoridades estatales, contempla en sus tres fases un total de 197 hectáreas y 274 lotes industriales urbanizados, equipados con naves tipo built to suit en renta para almacenaje, distribución, industria ligera y usos patrimoniales. La primera etapa ya está en marcha y marca el inicio de un proyecto que promete más de 25 mil empleos directos e indirectos a lo largo de su maduración.
El Mazatlán Logistics Center no es un parque industrial más. Su diseño combina infraestructura moderna, tecnología avanzada de gestión y seguridad integral, con el objetivo de ofrecer una plataforma competitiva para empresas de logística, manufactura ligera, agroindustria y comercio internacional. La ubicación es clave: el complejo se conecta de forma directa con el puerto de Mazatlán y con los corredores carreteros que enlazan al Pacífico con el norte y el Bajío, incluyendo la Mazatlán–Durango, que reduce tiempos de traslado hacia el centro del país.
En un contexto de relocalización de cadenas de suministro y nearshoring, Mazatlán busca venderse como alternativa para empresas que importan y exportan mercancías hacia la costa oeste de Estados Unidos y hacia Asia. Mientras puertos como Manzanillo y Lázaro Cárdenas operan al límite, este nuevo hub ofrece capacidad fresca, espacio para crecer y un ecosistema pensado desde cero para la integración industrial y logística.
El gobierno estatal ha subrayado que el proyecto forma parte de una visión de largo plazo para diversificar la economía sinaloense. Más allá del turismo y la pesca, el Mazatlán Logistics Center pretende atraer empresas de e-commerce, operadores logísticos, ensambladoras de productos de consumo, agroindustria de exportación y fabricantes de componentes que utilizan el Pacífico como puerta de entrada o salida. La combinación de naves a la medida, servicios integrados y cercanía al puerto resulta especialmente atractiva para compañías que buscan reducir tiempos de tránsito y costos de almacenamiento.
No todo es infraestructura. Uno de los retos más mencionados por especialistas es el de la seguridad. Algunos puntos de Sinaloa siguen enfrentando problemas asociados al crimen organizado, lo que ha frenado inversiones en el pasado. Sin embargo, autoridades y empresarios insisten en que Mazatlán cuenta con condiciones diferenciadas y con un enfoque particular en brindar certeza a las empresas que se instalen en el nuevo complejo, a través de esquemas de vigilancia, coordinación con fuerzas federales y tecnología para el control de accesos y monitoreo de cargas.
El impacto potencial va más allá de las cifras de inversión. Más de 25 mil empleos directos e indirectos implican una reconversión del mercado laboral local, con demanda de operadores logísticos, ingenieros, técnicos en mantenimiento, personal administrativo y perfiles vinculados a comercio internacional y gestión de almacenes. Para Mazatlán, históricamente más asociado al sector servicios, esto abre una ventana para consolidarse como ciudad industrial y logística, con un pie en el mar y otro en la carretera.
El proyecto también obliga a pensar en infraestructura urbana y social: vivienda, movilidad, servicios de salud y educación para las familias que llegarán a trabajar al corredor. Si la ciudad no planifica con tiempo, el éxito industrial podría traducirse en presión sobre vialidades, encarecimiento de la vivienda y tensiones en la prestación de servicios. El reto para las autoridades será acompañar el desarrollo del Mazatlán Logistics Center con políticas de ordenamiento territorial y planeación metropolitana.
Por ahora, el mensaje al mercado es contundente: Mazatlán quiere dejar de ser solo una postal turística y convertirse en nodo clave de la cadena logística del Pacífico mexicano. En un escenario de cadenas de suministro reconfiguradas y nearshoring acelerado, pocos proyectos hablan tan directamente de esa ambición como este nuevo monstruo logístico-industrial levantado frente al mar.





