Pemex identificó 11 proyectos para coinversión. 28 empresas, incluido Grupo Carso, mostraron interés en colaborar pese a condiciones menos favorables para privados.
En un intento por paliar su compleja situación financiera y operativa, Petróleos Mexicanos (Pemex) anunció que 28 empresas manifestaron interés en colaborar en nuevos proyectos de inversión. La noticia fue dada a conocer por Ángel Cid, director de Exploración y Producción de Pemex, durante una llamada con analistas, en la que también se reveló que se han identificado 11 proyectos viables para desarrollarse bajo esquemas de coinversión.
Los proyectos abarcan áreas terrestres, aguas someras y profundas, y se encuentran en distintas etapas: desde desarrollo inicial hasta campos maduros. Aunque aún no se ha dado una fecha precisa, Pemex adelantó que “en breve” publicará las bases del proceso de selección para los interesados.
Este giro hacia esquemas de coinversión representa un enfoque pragmático de parte de la petrolera estatal, que históricamente ha defendido una operación preponderantemente estatal. La legislación vigente permite estos esquemas mixtos, pero bajo condiciones menos atractivas para los privados, como una menor recuperación de costos. Aun así, empresas como Grupo Carso, del magnate Carlos Slim, han expresado interés en ampliar su participación, destacando la ventaja de trabajar con una empresa que, pese a sus retos, ofrece estabilidad en los pagos.
Pemex enfrenta una carga financiera significativa, con pasivos que superan los 98,800 millones de dólares, y una producción de petróleo que se mantiene por debajo de las metas oficiales. Ante este panorama, la Secretaría de Hacienda alista una emisión de Notas Precapitalizadas (P-Caps) por hasta 10,000 millones de dólares, con el fin de refinanciar préstamos bancarios y garantizar liquidez para las operaciones esenciales.
La petrolera tiene como objetivo alcanzar una producción de 1.8 millones de barriles diarios, meta que se ha visto afectada por retrasos operativos, limitaciones presupuestarias y la baja rentabilidad del negocio de refinación. En este contexto, la apertura a alianzas con el sector privado busca atraer capital fresco y tecnología, manteniendo al mismo tiempo el control estatal de los recursos energéticos.
La movida refleja un equilibrio delicado entre la soberanía energética defendida por el gobierno y la urgencia de sostener la producción ante las crecientes restricciones fiscales.








