La Sener apuesta por ampliar la red de gasoductos para impulsar la industria y la generación eléctrica; expertos piden equilibrar la estrategia con energías limpias.
El Gobierno Federal, a través de la Secretaría de Energía (Sener), presentó el Plan de Gasoductos para México, que contempla una inversión histórica de poco más de 140 mil millones de pesos (mdp) hacia el año 2030: 101 mil 259 mdp para proyectos de infraestructura y 39 mil 646 mdp para mantenimiento de la red nacional de ductos.
Esta ambiciosa inyección de inversión pública busca ampliar, modernizar y rehabilitar la infraestructura de una red nacional que hoy muestra signos importantes de deterioro y envejecimiento, al tiempo que pretende garantizar el suministro para 13 nuevas centrales de generación eléctrica de ciclo combinado de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) e impulsar el crecimiento industrial del país.
Sin embargo, detrás de las grandes cifras oficiales, especialistas del sector advierten que el plan enfrenta retos monumentales: desde la urgencia por resolver cuellos de botella geográficos que frenan la inversión privada (nearshoring), hasta el dilema de comprometer el futuro del país con combustibles fósiles frente a las metas internacionales de cambio climático.
Para el exsubsecretario de Energía y excomisionado de la extinta Comisión Reguladora de Energía (CRE), Francisco Barnés de Castro, la expansión de esta infraestructura no es un lujo, sino una “medida necesaria y urgente”, ya que el crecimiento económico y la atracción de inversiones dependen en gran medida del acceso al gas natural.
“Más del 60% de la generación eléctrica del país proviene del gas natural y sigue creciendo. Los estados que no tienen acceso al energético no pueden traer nuevas inversiones en empresas que requieren ese tipo de insumos”, advirtió para Industry & Energy Magazine.
Aunque califica el plan oficial como positivo, el especialista señala que, si los nuevos Polos de Desarrollo para el Bienestar no se respaldan con una red eléctrica sólida, confiable y con suministro constante de gas, “los parques industriales se van a quedar vacíos”.
El exfuncionario también pone como ejemplo la situación energética de la península de Yucatán, donde aseguró que la falta de ampliación de la red de gasoductos derivó en problemas para abastecer a las centrales eléctricas. Insiste en que el país debe acelerar la ejecución para evitar que estos cuellos de botella frenen el potencial industrial de otras regiones.
Metas climáticas
Arturo Carranza, director de proyectos de energía en Akza Advisors, coincide en el diagnóstico; sin embargo, introduce un matiz crítico y global en el análisis que contempla la diversificación y la sustentabilidad. A raíz de las lecciones dejadas por crisis sanitarias, conflictos bélicos y eventos climáticos recientes a escala global, recalca la necesidad de equilibrar la matriz energética entre fuentes fósiles y limpias.
“El Plan de Gasoductos puede ser una limitante para las metas climáticas del país si no se acompaña de manera paralela y decidida, con el impulso a los permisos de generación privada orientados a las energías renovables”, apunta Carranza.
Para el especialista, este plan de 140 mil mdp debe ser visto únicamente como una pieza dentro de un esfuerzo general mucho mayor que debe incluir tanto la apertura de permisos de generación para el sector privado en energías renovables, como el análisis de tecnologías como el fracturamiento hidráulico (fracking) de yacimientos no convencionales bajo criterios de responsabilidad.









