La meta de 1.8 millones de barriles no refleja fortaleza operativa de Pemex, sino dependencia de privados, deuda elevada y una capacidad financiera aún muy limitada.
Hoy por la mañana la Presidenta, Claudia Sheinbaum, dijo en su mañanera “Pemex produce alrededor de 1.65 millones de barriles diarios, más unos 100 mil barriles diarios aproximados de producción privada derivada la Reforma Energética de 2013: en total 1.8 millones de barriles diarios. No se va a elevar la producción más allá de esa cifra por motivos ambientales y porque esa es una explotación racional”.
La afirmación de que México ya produce 1.8 millones de barriles diarios y que esa cifra responde a una “explotación racional” suena bien en mañanera, pero se desarma cuando se revisan los números y, sobre todo, las finanzas de Pemex.
Primero, una precisión básica. Una cosa es sumar crudo, condensados y producción privada para construir una cifra políticamente presentable; otra, muy distinta, es sostener esa plataforma con finanzas sanas y capacidad operativa. El propio Plan Estratégico 2025-2035 de Pemex reconoce que la meta de 1.8 millones de barriles diarios depende del desarrollo de asignaciones propias y mixtas, es decir, no de la fortaleza autónoma de la empresa, sino de esquemas con privados que aporten capital, tecnología y ejecución. 
Segundo, el problema no es ambiental; es financiero. Pemex cerró 2025 con una deuda financiera de 84,500 millones de dólares, según informó su director general en febrero de 2026.  Eso significa una empresa que, aunque ha reducido saldo respecto a años previos, sigue operando bajo una pesada losa de intereses, amortizaciones y necesidades de refinanciamiento. En ese contexto, el presupuesto se va primero a sostener la deuda y apenas después a explorar, perforar y desarrollar campos.
Tercero, el discurso de que “la producción privada aporta unos 100 mil barriles diarios” también requiere contexto. Lo que hoy realmente cambia la ecuación no es la producción privada heredada de la reforma de 2013 por sí sola, sino los nuevos contratos mixtos que este mismo gobierno ha tenido que aceptar. Pemex reportó que había avanzado en seis de los 11 contratos mixtos previstos, precisamente porque la empresa carece del capital y del riesgo operativo necesarios para empujar sola sus proyectos. 
Cuarto, decir que “no se va a elevar la producción más allá de 1.8 millones por motivos ambientales” es una forma elegante de esconder otra realidad. México no está renunciando a producir más por virtud medioambiental, sino porque no tiene hoy la capacidad financiera ni operativa para hacerlo de manera sostenida. La propia lógica del plan oficial nos da mucha luz, si de verdad Pemex pudiera sola, no estaría abriendo espacios a terceros ni apostando a contratos mixtos como tabla de salvación. 
Y finalmente, la parte más incómoda, hablar de “80% para consumo nacional y 20% para exportación” simplifica demasiado un sistema donde la refinación sigue siendo costosa, el gas natural importado desde Estados Unidos sostiene gran parte de la generación eléctrica y la seguridad energética depende más de la infraestructura y del almacenamiento que de una cifra redonda en conferencia. La narrativa de 1.8 millones vende control; los balances de Pemex cuentan otra historia: una empresa que necesita socios, apoyo fiscal y tolerancia política para sostener una meta que, hoy, está mucho más cerca del PowerPoint que de una plataforma verdaderamente robusta.








