Especialista advierte que mejorar la calidad de combustibles y la movilidad eléctrica podrían disminuir emisiones del transporte en México.
Las contingencias ambientales en la Zona Metropolitana del Valle de México han evidenciado nuevamente la calidad del aire y las medidas necesarias para reducir la contaminación.
Para Anaid Velasco Ramírez, gerente de Política Pública e Investigación del Centro Mexicano de Derecho Ambiental (CEMDA), una de las principales fuentes de emisiones contaminantes es el transporte, por lo que las políticas públicas deben enfocarse en transformar ese sector.
De acuerdo con la Secretaría de Medio Ambiente, el transporte es uno de los principales emisores de contaminantes, ya que genera el 23% de las emisiones, por encima de la industria y el sector energético.
Entre las medidas prioritarias que organizaciones ambientales han identificado destacan tres, impulsar la movilidad eléctrica, especialmente en transporte público, mejorar la calidad de los combustibles utilizados en México y actualizar los estándares tecnológicos del parque vehicular, sobre todo en transporte pesado.
La especialista subrayó que el debate sobre combustibles limpios lleva más de una década sin resolverse.
“En México no hemos podido dar ese salto al 100% hacia combustibles más limpios”, explicó en entrevista.
El problema radica en que los combustibles son regulados por la Secretaría de Energía, mientras que los estándares de los vehículos dependen principalmente de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat).
Esto ha generado un círculo de responsabilidades entre autoridades y sectores industriales.
“Se genera un falso dilema entre qué debe ir primero: los combustibles limpios o los vehículos con mejores tecnologías”, explicó Velasco.
Sin embargo, la especialista considera que ambas transformaciones pueden avanzar de manera simultánea mediante regulaciones más estrictas.
La NOM-016-CRE, es la Norma Oficial Mexicana que establece las especificaciones de calidad que deben cumplir los petrolíferos, como gasolinas, diésel, turbosina, etcétera, no obstante, en diésel, establece que se debería disponer en todo el territorio nacional del diésel que tuviera un contenido máximo de azufre de 15 mg/kg, conocido como DUBA, pero la producción de diésel no cumple con ese requerimiento.
“Hay un problema estructural muy grande, el crudo que se extrae en México es muy pesado, tiene una gran cantidad de azufre. (…) La NOM-016 Pemex no la ha podido cumplir se ha estado pateando, y ha ido prórroga, tras prórroga, desde 2009”, explicó Gonzalo Monroy.
Un problema de salud pública
El problema no sólo es ambiental, sino también económico y de salud pública.
“Lamentablemente hemos normalizado vivir en esta temporada del año con contingencias ambientales. No es solo un problema ambiental, también es económico y de salud pública”, destacó la especialista.
La especialista explicó que cada año el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) publica las Cuentas Económicas y Ecológicas de México, un informe que calcula cuánto cuesta la degradación ambiental para el país.
Según ese reporte, correspondiente al año 2024 y publicado en diciembre de 2025, el costo de la degradación ambiental representó 3.7% del Producto Interno Bruto (PIB).
De ese porcentaje, 2.5% está asociado a la contaminación del aire, lo que evidencia el peso que tiene este problema en la economía nacional.
Además del impacto económico, las contingencias también afectan las actividades productivas y la salud de la población.
Electromovilidad: otra apuesta
Además de mejorar los combustibles actuales, especialistas señalan que el país debe avanzar hacia la electrificación del transporte.
Velasco Ramírez explicó que esta transición debe priorizar el transporte público, ya que permite reducir emisiones de manera más eficiente.
En ese sentido, recordó que el gobierno federal ha anunciado iniciativas para impulsar la movilidad eléctrica.
Entre ellas se encuentran proyectos incluidos en el Plan Nacional de Desarrollo y en el Plan México, que contemplan incentivos para vehículos eléctricos y el desarrollo de tecnología nacional.
La presidenta Claudia Sheinbaum también ha planteado el desarrollo de proyectos de innovación tecnológica vinculados con la movilidad eléctrica.
No obstante, la especialista advierte que las metas deben traducirse en financiamiento y políticas concretas; esto incluye la asignación de recursos públicos, así como el acceso a fondos internacionales para proyectos de transporte sustentable, un sector que se ha vuelto prioritario para organismos multilaterales.
Un problema ambiental, económico y de salud
Para especialistas del sector ambiental, las contingencias atmosféricas muestran la urgencia de acelerar la transición hacia combustibles más limpios y sistemas de transporte menos contaminantes.
Además de los impactos económicos, la exposición prolongada a contaminantes atmosféricos se ha asociado con enfermedades respiratorias y cardiovasculares, lo que convierte el problema en un reto de salud pública.
Frente a este panorama, organizaciones civiles advierten que la calidad de los combustibles y la modernización del transporte son de suma importancia para reducir las emisiones y evitar que las contingencias ambientales sigan siendo una constante cada año.








