La interrupción en Ormuz y ataques a infraestructura en el Golfo disparan el precio del gas natural, elevando la prima geopolítica y tensionando el suministro global.
La escalada militar en el Golfo Pérsico, tras ofensivas de Estados Unidos e Israel contra Irán y la respuesta de Teherán, activó el mayor shock energético desde la invasión rusa de Ucrania. La combinación de ataques a infraestructura crítica y la interrupción efectiva del tráfico por el estrecho de Ormuz detonó una reacción inmediata en los mercados de crudo y gas natural.
El Brent subió alrededor de 8% hasta los 79 dólares por barril, mientras que los futuros del diésel avanzaron cerca de 20%. En gas natural, el contrato TTF —referencia europea negociada en Países Bajos— se disparó cerca de 50% tras el cierre de la planta de GNL de Ras Laffan en Qatar, segundo exportador mundial de gas licuado y proveedor clave para la Unión Europea después de Estados Unidos. Horas antes se había paralizado la producción en la refinería saudí de Ras Tanura, uno de los nodos más relevantes del sistema petrolero global.
El elemento más disruptivo es la interrupción del tránsito por el estrecho de Ormuz, corredor por el que circula alrededor de una quinta parte del comercio marítimo mundial de petróleo. En promedio, 14.5 millones de barriles diarios cruzan esa vía, con cerca de 90% dirigidos a Asia. Aunque no existe un bloqueo físico formal, la recomendación del Departamento de Transporte de Estados Unidos de evitar la zona, junto con ataques a buques y la retirada de cobertura de riesgo de guerra por parte de aseguradoras marítimas, ha congelado operaciones. Unos 150 buques permanecen paralizados, según reportes internacionales.
Analistas de mercado subrayan que, hasta ahora, no hay confirmación de daños estructurales masivos en la producción o infraestructura exportadora, pero la “prima de riesgo geopolítica” ya está plenamente incorporada en los precios. Jorge León, de Rystad Energy, estima que, de no haber señales de distensión, el Brent podría ubicarse entre 85 y 90 dólares por barril. Morgan Stanley elevó su previsión para el segundo trimestre a 80 dólares desde 62.5 dólares.
En el frente del gas, la tensión impacta especialmente a Europa, que tras 2022 incrementó sustancialmente su dependencia del GNL estadounidense y del Golfo. Cualquier disrupción adicional intensifica la competencia global por cargamentos spot y tensiona inventarios. Mientras tanto, la OPEP+ anunció un incremento modesto de producción para abril, aunque buena parte de esos volúmenes aún dependería de rutas que atraviesan el Golfo.








