Sempra mantiene guía de primera LNG en primavera 2026 para Costa Azul LNG Fase 1, obra al 95% completada. Impacto: nueva salida Pacífico y señales para basis regional.
Lo que hace una década parecía improbable está a semanas de comenzar: México exportará GNL desde el Pacífico. Sempra Infraestructura reiteró en noviembre que la Fase 1 de Energía Costa Azul (ECA LNG) producirá su primera molécula en la primavera de 2026, mientras reportes sectoriales ubican el avance físico de la planta en torno al 95% y con precomisionamiento en curso. Con un solo tren de 3.25 millones de toneladas anuales (mtpa), contratos de largo plazo con TotalEnergies y Mitsui por 2.5 mtpa y una ubicación privilegiada al Pacífico, el proyecto reconfigura rutas y expectativas en la cuenca.
El atractivo de ECA LNG no es solo la capacidad nominal; es su geografía. Al aprovechar la infraestructura existente del antiguo terminal de regasificación y su posición al norte de Ensenada, la planta evita el cuello de botella del Canal de Panamá y acorta tiempos hacia Asia y el Pacífico. En un mercado donde los diferenciales se mueven por días de navegación y congestiones puntuales, ese atajo es una ventaja de precio recurrente. La página oficial de Sempra y su kit de medios subrayan la configuración de un tren en Fase 1, con capacidad cercana a 3–3.25 mtpa, y un historial que va del FID en 2020 a la recta final actual, tras un 2024 con desafíos de productividad laboral que desplazaron la fecha objetivo.
¿Qué cambia para México y la región? Primero, aparece un nuevo “escape” para el gas texano por la costa oeste, complementario a la salida por Golfo. Los analistas consultados por medios especializados ven impacto en el basis Waha y hubs del Permian: más capacidad de licuefacción en el Pacífico puede estabilizar el descuento del Waha en semanas de restricción de ductos hacia el Golfo, especialmente cuando coinciden mantenimiento y producción elevada. Segundo, se abren opciones comerciales para offtakers en Asia y el Pacífico, con cargamentos que podrían indexarse a JKM y no solo a referencias de Estados Unidos. Tercero, el proyecto ancla una narrativa de integración México–EE. UU.: molécula estadounidense, inversión privada y empleo local en Baja California.
La aritmética del proyecto es sobria. Con 3.25 mtpa de capacidad, la Fase 1 no pretende inundar el mercado, pero sí inyectar un flujo estable que aproveche la curva de demanda de 2026–2027, cuando varias expansiones de LNG en EE. UU. y Canadá entren también en escena. Si la operación arranca a tiempo, ECA aprovechará meses de precios aún volátiles en Asia por la mezcla de hidrología, nuclear y temperatura. Hacia 2027–2028, la ecuación tendrá más oferta global, pero también mayor elasticidad en destinos. Para México, la señal será el balance físico de ductos fronterizos y la competencia por molécula entre generación eléctrica, industria y GNL en el oeste; con precios adecuados y contratos flexibles, la coexistencia es posible, y el Pacífico deja de ser un simple receptor para convertirse en exportador.
A pie de obra, el reto inmediato es comisionar las últimas secciones y realizar las pruebas integradas con tanque y muelle. Si ECA LNG avanza de acuerdo a lo planeado, para el verano de 2026 México se habrá colado en la lista de países que exportan GNL por el Pacífico, con una plataforma que, en fases posteriores, podría crecer hasta 12 mtpa adicionales. Hoy, el reloj marca 95% y el reloj corre.








