Las aguas residuales industriales podrían convertirse en una nueva fuente de litio, cobre y otros minerales críticos para la transición energética.
Cada día, miles de millones de litros de agua residual recorren operaciones mineras, petroleras, metalúrgicas e industriales en México. Durante décadas, el objetivo ha sido simple: tratar esa agua para cumplir con los estándares ambientales antes de reutilizarla o devolverla al entorno.
Sin embargo, dentro de esas corrientes viajan minerales y metales que el mercado global considera cada vez más estratégicos. Litio, cobre, níquel, cobalto y otros elementos fundamentales para la transición energética pueden encontrarse en concentraciones que hasta hace poco pasaban desapercibidas o simplemente eran consideradas parte del residuo.
Un ejemplo de ello se encuentra en Pensilvania, donde hace apenas un año comenzó a operar la primera instalación comercial capaz de extraer carbonato de litio grado batería directamente del agua producida por operaciones petroleras. La planta ha reportado tasas de recuperación cercanas al 97% y niveles de pureza de 99.5%, suficientes para integrarse a las cadenas de suministro de baterías para vehículos eléctricos.
Lo relevante no es solo el caso de Pensilvania, sino lo que demuestra: aguas que durante años fueron consideradas un desecho hoy pueden convertirse en una fuente estratégica de minerales. Tecnologías como membranas avanzadas, intercambio iónico, precipitación selectiva y procesos hidrometalúrgicos ya permiten recuperar estos recursos con niveles de eficiencia que hacen viable su aprovechamiento a escala industrial.
Este modelo resulta particularmente relevante para industrias con un uso intensivo de agua, como lo es la minería en México que durante los últimos años, ha realizado esfuerzos importantes para mejorar la eficiencia hídrica y reducir su dependencia de fuentes convencionales. De acuerdo con el Informe de Sostenibilidad 2025 de la Cámara Minera de México (CAMIMEX), el 71% del agua consumida por las empresas mineras durante 2024 provino de aguas residuales y recirculadas. Asimismo, las compañías afiliadas devolvieron aproximadamente 30.2 millones de metros cúbicos de agua y continúan impulsando inversiones orientadas al reúso y la optimización de este recurso.
Estos avances reflejan cómo el sector ha evolucionado hacia modelos de gestión hídrica cada vez más eficientes. La siguiente oportunidad podría estar en analizar qué materiales y recursos permanecen dentro de esas corrientes que ya forman parte de la operación industrial.
Lo relevante es que esta evolución ocurre en un momento en que los minerales presentes en muchos procesos industriales están adquiriendo un valor estratégico sin precedentes.
De acuerdo con el informe Resiliencia y perspectivas de crecimiento en una economía global cambiante del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), este mercado podría alcanzar los 400 mil millones de dólares hacia 2030, impulsado por la expansión de tecnologías limpias, la electrificación del transporte y el crecimiento de la infraestructura energética.
México se encuentra en una posición privilegiada dentro de esta tendencia. El país produce o tiene potencial para desarrollar al menos 13 minerales considerados estratégicos para la transición energética, entre ellos cobre, grafito, manganeso, litio, zinc, titanio, plata y fosfatos. El propio BID identifica a México como un proveedor con capacidad para fortalecer las cadenas globales de suministro vinculadas con este proceso.
La magnitud de la oportunidad se vuelve más evidente al observar la demanda proyectada para algunos de estos materiales. Tan solo el consumo mundial de litio podría incrementarse entre 470% y 800% hacia 2050, reflejando la creciente necesidad de recursos para baterías, almacenamiento energético y movilidad eléctrica.
El crecimiento proyectado de la demanda de minerales críticos abre una oportunidad para que más industrias identifiquen nuevas fuentes de valor dentro de sus propias operaciones. Sin embargo, para que ese potencial pueda aprovecharse a mayor escala, todavía se requieren condiciones que faciliten la recuperación y comercialización de estos materiales. Hoy, gran parte de los esfuerzos, inversiones y esquemas regulatorios siguen enfocados en el tratamiento y disposición del agua, mientras que la recuperación de minerales continúa siendo una práctica poco desarrollada dentro de la industria.
Para muchas empresas, el desafío también pasa por la inversión necesaria para incorporar este tipo de infraestructura. Por ello comienzan a ganar relevancia modelos como Water-as-a-Service, que permiten acceder a tecnologías de tratamiento, reúso y recuperación de recursos sin realizar grandes desembolsos iniciales, reduciendo barreras para explorar este tipo de proyectos.
Y quizá la pregunta más importante para México no sea cuánto valor puede extraer del subsuelo durante las próximas décadas, sino cuánto valor sigue circulando cada día por sus sistemas industriales y cuánto de esa fortuna continúa perdiéndose, literalmente, por el drenaje.










