La revisión del T-MEC pondrá a prueba a la industria mexicana: automotriz, acero y nearshoring definirán el lugar de México en Norteamérica.
A seis años de la entrada en vigor del T-MEC, la industria mexicana enfrenta su primera gran prueba: la primera revisión del tratado, la cual pondrá sobre la mesa aranceles, reglas de origen y cadenas de suministro, mientras México encara viejas diferencias con Estados Unidos en sectores clave y nuevas presiones derivadas de la presencia de insumos asiáticos en la región.
La Casa Blanca ha puesto especial atención en la industria automotriz, el acero y aluminio, así como en la reducción de la dependencia de insumos provenientes de China, en línea con su política de reindustrialización y de protección del empleo manufacturero en Estados Unidos.
Para Héctor Magaña, coordinador del Centro de Investigación en Economía y Negocios (CIEN) del Tec de Monterrey, Estados Unidos buscará endurecer algunos criterios, sobre todo en el tema automotriz, el cual es responsable de casi una tercera parte de las exportaciones manufactureras, aunque advierte que cualquier ajuste abrupto pondría en riesgo la integración regional.
“Lo ideal sería buscar que, si va a haber cambios importantes, éstos sean de manera gradual”, señala el especialista en entrevista para Industry & Energy Magazine.
En el caso del acero y el aluminio, empresas como Ternium han apostado por expandir su presencia en México con inversiones multimillonarias, mientras que DeAcero ha impulsado estrategias de sustitución de importaciones y mayor contenido nacional.
Ambas firmas coinciden en que en el marco de esta revisión es indispensable fortalecer la integración regional y reducir la dependencia de mercados externos, particularmente de Asia.
La industria electrónica, los dispositivos médicos y los semiconductores completan el mapa, ya que, en medio de la competencia tecnológica entre Estados Unidos y China, estos sectores han adquirido un valor estratégico sin precedentes.
EU apuesta por revisiones anuales
La revisión arrancó con la decisión de Estados Unidos de activar revisiones anuales al considerar que el acuerdo no ha corregido los déficits comerciales ni ha protegido suficientemente a sectores estratégicos de su economía.
Este acuerdo es el más importante para la industria mexicana, pues más del 80% de las exportaciones mexicanas tienen como destino Estados Unidos, y buena parte de ellas dependen de sectores que hoy son observados con lupa.
Mientras tanto, el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, ha insistido en que Norteamérica debe preservar su carácter de región integrada y evitar barreras comerciales. En particular, México buscará colocar en la mesa la discusión sobre los aranceles aplicados al acero y aluminio, que considera incompatibles con la lógica del tratado.
La nueva agenda industrial
Las primeras reuniones formales entre funcionarios mexicanos y representantes de la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR) dejan claro que la discusión será mucho más amplia que una revisión técnica del tratado.
La agenda incluye temas como acero y aluminio, minerales críticos, seguridad económica y cadenas de suministro. También incorpora una conversación que hace apenas unos años parecía secundaria: el papel de México en la transición energética y digital de Norteamérica.
Los minerales críticos son un ejemplo. Utilizados en baterías, vehículos eléctricos y semiconductores, se han convertido en una prioridad para Washington. Para Víctor Gómez Ayala, director de Análisis Económico de Finamex, lo que comenzó como una discusión sobre soberanía y concesiones, particularmente en torno al litio, ha evolucionado hacia un esquema de cooperación industrial.
“Una integración más profunda en la cadena regional podría atraer inversión, elevar productividad y fortalecer la posición externa del país en un contexto de transición energética y creciente fragmentación geopolítica”, destaca Ayala.
De acuerdo con Magaña, en este escenario, México tiene que demostrar que puede pasar de ser una plataforma de ensamblaje a convertirse en un actor estratégico en la nueva integración económica regional.











