Franke invirtió 82 mdd en una planta de 31,000 m² en San Luis Potosí para fabricar equipamiento de cocina profesional, con más de 500 empleos y enfoque continental.
En la narrativa del nearshoring solemos pensar en autos, chips o centros de datos, pero una parte silenciosa y muy poderosa de la economía global se cocina en acero inoxidable, hornos inteligentes y estaciones de preparación para cadenas de comida rápida. Ahí es donde entra el más reciente movimiento del grupo suizo Franke, que acaba de inaugurar en San Luis Potosí una planta de 82 millones de dólares destinada a fabricar equipamiento de cocina profesional para restaurantes de servicio rápido, tiendas de conveniencia y cadenas de retail en toda América.
La planta, Franke Foodservice Systems Mexico, S.A. de C.V., fue inaugurada oficialmente el 9 de julio de 2025, tras un proceso de construcción iniciado en marzo de 2023. El complejo cuenta con alrededor de 31,000 metros cuadrados, de los cuales 16,000 se destinan a áreas de producción y cerca de 10,000 a almacenes, además de espacios para oficinas y desarrollo de producto. En sus primeras etapas, la instalación ya emplea a unas 200 personas, con planes de crecimiento hacia más de 500 puestos conforme aumente la demanda de la región.
Desde este punto en el altiplano mexicano se fabricarán estaciones de cocina, módulos de preparación, sistemas de refrigeración, muebles de acero y soluciones integrales para locales de comida rápida, cafeterías y tiendas con oferta de alimentos preparados. La apuesta estratégica es clara: aprovechar la ubicación de San Luis Potosí para abastecer de forma eficiente a Norteamérica, Centroamérica y Sudamérica, integrando a México como centro regional de manufactura para el negocio de foodservice del grupo.
El gobernador Ricardo Gallardo ha destacado que la compañía eligió al estado por su ubicación estratégica, su talento humano y el entorno favorable para los negocios. No es casualidad. San Luis Potosí se ha consolidado en la última década como un nodo clave para la manufactura automotriz y de autopartes, y ahora suma una inversión que se mueve en otra categoría, pero con la misma lógica: usar la plataforma industrial, la conectividad carretera y la mano de obra calificada para servir a toda la región.
La planta no solo destaca por el monto de inversión, sino por el nivel tecnológico de sus procesos. De acuerdo con información de la propia empresa, el sitio integra maquinaria de corte láser de fibra, soldadura avanzada, sistemas de prueba automatizados y una arquitectura productiva pensada para cambios rápidos entre modelos y configuraciones específicas para cada cadena de restaurantes. Es, en términos simples, una fábrica diseñada para la era del foodservice estandarizado y globalizado.
La decisión de producir desde México tiene una lógica clara frente a los retos actuales de las cadenas de suministro. Grandes marcas de comida rápida y conveniencia necesitan renovar, expandir y estandarizar su equipamiento con plazos cada vez más agresivos. Depender de embarques intercontinentales, en un contexto de fletes volátiles y riesgos logísticos, es un lujo que muchos corporativos ya no se pueden permitir. Tener un hub en San Luis Potosí significa recortar tiempos de entrega, reducir inventarios y responder con mayor agilidad a aperturas y remodelaciones en toda América.
Para el ecosistema industrial local, la llegada de Franke abre un abanico de oportunidades. El equipamiento de cocina profesional demanda acero, componentes eléctricos, soluciones de control, empaques, sistemas de iluminación, servicios de mantenimiento y logística especializada. Proveedores potosinos podrían integrarse a una cadena de valor que, aunque menos visible que la automotriz, es extremadamente estable: la gente seguirá comiendo fuera de casa y las grandes cadenas seguirán invirtiendo en su infraestructura.
El componente de sostenibilidad también juega un papel central. La planta incorpora paneles solares, sistemas de captación de agua pluvial y criterios de eficiencia energética que responden a las metas ambientales globales del grupo suizo y a las exigencias de las cadenas de foodservice, que cada vez más miden la huella de carbono en toda su cadena de valor. En un entorno donde los clientes corporativos piden reportes ambientales detallados, producir en una planta con estándares verdes se convierte en un argumento comercial de peso.
En síntesis, la inversión de 82 millones de dólares de Franke en San Luis Potosí es algo más que una buena noticia de empleo e infraestructura. Es la confirmación de que México puede ser centro de manufactura para sectores donde el valor no está en el glamour de la tecnología, sino en la confiabilidad del acero, la higiene, la ergonomía y la eficiencia en el uso de energía y espacio. A partir de ahora, muchas de las cocinas industriales que veamos en América tendrán una placa potosina detrás.








